Contra la censura

Burlando el cerco informativo en Sonora

¡Amparan a dueños!

Por Ulises Gutiérrez

El juez primero de distrito en Hermosillo, Raúl Martínez Martínez, concedió una suspensión provisional  a Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo Tonella y Gildardo Francisco Urquidez, dos de los 5 principales socios de la bodega-guardería ABC, en donde tras el incendio del pasado 5 de junio murieron 48 niños y decenas más resultaron con diversos grados de lesiones. La suspensión provisional, se dio en base al proceso que se realiza por el juicio de amparo 697/2009, mismo que tendrá una audiencia de desahogo de pruebas el próximo 21 de julio, a la que podrían asistir sólo los abogados de Gómez del Campo Tonella.

Asimismo, el juez Martínez Martínez dio entrada a los documentos de solicitud de juicio de amparo interpuesta por Alfonso Cristóbal Escalante Hoeffer y Antonio Salido Suárez, otro de los socios de la guardería ABC y ex funcionario de la administración que encabeza el gobernador Eduardo Bours Castelo.

julio 13, 2009 Posted by | Correo electrónico & Internet | , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Decepciona a padres decisión de la Corte

Luego de que la Comisión de Receso de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), anunciara que analizará en agosto el caso del incendio en la Guardería ABC de Hermosillo, Sonora, para saber si es procedente o no que la Corte atraiga el caso, los padres de los menores fallecidos se muestran decepcionados y enojados, con la decisión.

“Nos molesta y nos enoja que nos den esos trámites tan burocráticos, pero no perdemos la esperanza, les daremos este mes, si no seguiremos con más instancias”, expresó Patricia Duarte, del Movimiento de los Padres de la guardería ABC.

En entrevistada, Patricia Duarte, se expresó decepcionada, sin embargo, dijo que aunque la Corte haya decidido aplazar el tema por el periodo vacacional, aún confían en el órgano.

“Nuestra actitud es de decepción a la decisión que tomó la Corte, no hemos perdido la esperanza, pero si nos decepcionó que se nos alargara, porque eso es de lo que nos hemos venido quejando de las demás instancias; pero nosotros seguimos con la firme idea de seguir en la lucha, por lo que creemos que es justo, y sí seguimos con la confianza en ellos y vamos a esperar el tiempo que determinaron”.

Asimismo, Patricia Duarte, señaló que el Movimiento de los Padres de la guardería ABC, exigen saber qué fue lo que provocó ese incendio, y cárcel para todos los culpables.

“Tenemos necesidad, exigimos que nos expliquen qué fue lo que pasó y que se le castigue a los verdaderos culpables.”

También apuntó que ya han perdido contacto con las autoridades de Sonora, además de que la PGR no les brinda información sobre la investigación.

Podrían pasar años

Aunque la Corte decidiera investigar la tragedia de la Guardería en agosto, el procesamiento y resolución del caso podría durar 1, 2 o hasta 3 años.

Con este ritmo se han resuelto temas como Aguas Blancas, impulsado por el entonces Presidente Zedillo; el caso Lidia Cacho y Conflicto Magisterial en Oaxaca, presentados ambos por el Congreso de la Unión, se tardó 2 años respectivamente, aproximadamente.

El tema San Salvador Atenco, que lo hizo suyo en el 2006 Genaro Góngora Pimentel, el mismo día en que lo exigieron manifestantes frente a la SCJN, está a punto de decidirse.

Por CONTRALACENSURA, con información de Prodigy y AEE/PH

julio 13, 2009 Posted by | Correo electrónico & Internet | , , , , , , | Deja un comentario

Y después de los niños muertos… no, no se vale

Por Fidel Samaniego

“¿Sabes cómo distinguir de entre todas esas personas a mamás y papás de los pequeñitos muertos en la guardería de Hermosillo?” le pregunté a la joven reportera que estaba a mi lado.

Volteamos a ver a las mujeres y los hombres que esperaban afuera del edificio del Senado de la República a que empezara la comparecencia del director del Seguro Social, Daniel Karam ante integrantes de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión.

No, desde luego no eran quienes vendían una revista que en la portada tiene los rostros alegres de los 48 chiquitines, entonces, cuando les tomaron esas fotografías, a días, semanas o meses de ser asesinados.

Asesinados sí, por la corrupción, la negligencia, la impunidad, la desconsideración. Tampoco eran quienes repetían consignas contra el presidente Calderón, el gobernador Bours, el director Karam.

Ni quien les dirigía.

Una señora con un casco de bombero, y manchas negras en la cara, y un muñeco y una muñeca quemados, en sus brazos, como parte de su actuación, la que le valió ser quien apareciera en las primeras planas de varios periódicos porque daba la imagen sensacional y pretendidamente dramática, la que vende ejemplares.

Ella es de las seguidoras de Andrés Manuel López Obrador, una de quienes el día en el que se iba a aprobar la iniciativa de reformas en materia energética se tiró al piso para evitar que pasara el camión en el que viajaban los senadores.

No, ninguna de ellas, de ellos.

Se les distinguía, a las mamás y los papás de dos de los niños inmolados, porque avanzaban lentamente, con un silencio que gritaba, y sus miradas de infinito dolor. Y no, no buscaban vender nada.

Como nada, nadie podrá jamás recompensarles por la más terrible de las pérdidas, la de una hija, un hijo.

No, tampoco pretendían que sus imágenes fuesen captadas por las cámnaras, o sus voces por las grabadoras.

Quizá ya estén hartas, hartos, de ser noticia que capta rating, lectores. Miren, supuestamente, muy supuestamente, uno, el que reportea, el que escribe, debería mantenerse ajeno, no involucrarse.

Imposible.

Muchas veces en mi carrera no he podido controlar la emoción, o la risa, o el llanto, o, como en lo ocurrido el miércoles de la semana pasada, la indignación.

Una comparecencia, la del director del IMSS en la que el principal motivo de la atención, de la expectación, del morbo, eran las listas de los nombres de quienes poseen y manejan las guarderías que les han sido subrogadas.

Una cita a la que quizá debería también haber acudido el hoy secretario de Comunicaciones y Transportes, Juan Molinar Horcasitas, el que como director del Seguro contrató a Carla Rochín, la coordinadora de guarderías y quien entre sus méritos y antecedentes tiene el de ser amiga de los jerarcas del gobierno federal y del PAN, ex diputada federal, licenciada en decoración de interiores y ex gerente del restaurante guanajuatense El Gallo Pitagórico, quien por cierto ni acudió ni ha dado la cara.

Una comparecencia que fue una burla para los dolientes, para la memoria de los niños y niñas que murieron en ese infierno en que se convirtió la guardería criminalmente instalada en una bodega.

Karam habló y habló.

Dijo que el IMSS fue el primero en tomar medidas, en despedir al delegado estatal y a otros funcionarios, y que ninguno de los responsables quedará sin castigo, sin importar filiación política, nivel o parentescos.

Después habló de lo que originó la tragedia, y de las medidas que se han tomado y se tomarán para que nunca más vuelva a ocurrir.

O sea, después de los niños fallecidos…

Las listas.

Las llevaba en cinco discos compactos, uno para cada fracción parlamentaria.

Después de más de un mes, no se les ocurrió, a él y a sus colaboradores, o no quisieron llevar ya las hojas impresas, mil 700 por cada disco.

Y cuando por fin aparecieron en las pantallas de las computadoras, y en las hojas que se repartieron, luego de casi 3 horas de comparecencia, lo que importó a algunos de los legisladores fue el impúdico intercambio de acusaciones.

Que si en las listas aparecían los nombres de un primo hermano de Felipe Calderón, y de un hermano y las hijas del ex gobernador guanajuatense Carlos Medina Plascencia, y de un hermano de Vicente Fox, dijeron los perredistas.

También está la militante del PRD y funcionaria del gobierno capitalino Malú Micher, respondió una panista.

Listas, relación muy irregular, en la que se confunden quienes participan como integrantes de consejos directivos de guarderías, asociaciones sin fines de lucro y los que las poseen como negocio.

Guarderías que proliferaron en el ramo de la subrogación a partir del sexenio pasado, cuando el Seguro dejó de construirlas.

Pero…¿y esas mujeres, esos hombres, mamás, papás de los peques fallecidos?

Pues ahí estaban. Con su silencio. Con su dolor.

Una de ellas movió la cabeza de un lado a otro, inocultable su estupor, su indignación, cuando un senador de Convergencia, el primero en hablar, felicitó al director del Seguro Social por su trabajo de recopilación de datos sobre los propietarios de las guarderías.

Cuando llegó Daniel Karam, saludó de mano a los legisladores, un asistente le pasó la tarjeta en la que le dijo que en la sala estaban los dolientes, se dirigió a ellas, a ellos, les saludó,, no le respondieron.

Al final, le mostraron una cartulina en la que le pedían que por inepto, por encubridor, renuncie.

Cuando se marchaban, me acerqué a una de las señoras. En su camiseta está grabada la imagen de su hijo. Le llaman… le llamaban Yeyé.

“Es que como desde chiquito todos le decíamos Bebé, el se decía Yeyé, así decía que se llamaba, así se le quedó” me dijo cuando le pregunté.

Y durante unos cuantos segundos, quizá por el recuerdo, por revivir imágenes, y esa vocecita, recuperó la sonrisa.

Después se marchó.

Ya no la acosaban reporteros. La nota eran, ni siquiera las guarderías que siguen funcionando con instalaciones deficientes, menos las que sí cumplen, sino las listas, los nombres.

Ya era de noche.

Su mirara otra vez era infinitamente dolorosa.

Y su silencio seguía gritando.

Y Yeyé… Yeyé ya no iba de su mano como cuando salían a pasear ni la esperaba en casa.

julio 13, 2009 Posted by | Crónicas | , , , , , , | 1 comentario

Dormir como bebito

El Zancudo

(No mata, pero hace roncha)

El Zancudo

El Zancudo

 Arturo Soto Munguía

Y luego aparecieron otra vez los ángeles, como les llaman.

Los Niños de Hermosillo. Los que en lugar de ser paridos, parieron a sus padres y madres y parieron también a todos los que primero marchan y luego se aprietan en la plaza.

Los que se abrazan, los que se miran, los que se hermanan al tocar hombro con hombro.

Los que aguantan a pie firme el sentimiento porque saben que son muchos y que no están solos.

Apareció por ejemplo María Magdalena en la garganta de Abraham Fraijo. Le siguió un redoble de tambores. Y se estremeció la plaza con un grito: “¡No debió morir!”.

Le siguió Andrea y el redoble y el grito que estremece: “¡No debió morir!”.

Apareció Emilia, su hija, y la voz se hizo añicos, y la gente lo sostuvo entre sus brazos con un grito: “¡No debió morir!”

Apareció Héctor, Ximena, Jonatan, Luis, Juanito, Bryan, Nayeli, María, Jesús, Joselin…

Y cada vez que aparecía uno de ellos, aparecía un redoble de tambores y un grito que decía “¡No están solos!”.

II

El silencio está otra vez en el sur de Hermosillo, y avanza al centro con su estruendo de pasos silenciosos.

La vanguardia de niños en carreola suma filas mientras avanza. 10, 20, 30… muchos niños van a la vanguardia, otra vez, como lo han hecho seis veces desde que comenzó todo esto.

El silencio avanza, doloroso. Huele a incienso en la partida.

El silencio marcha y se refresca con el agua helada que Ana María Millán reparte a discreción desde una hielera repleta. No es nada: ni doliente, ni pariente, ni nada, dice.

Nomás la voluntad de dar de beber al sediento, a los miles que caminan retando el verano hermosillense.

En la ciudad, la solidaridad ha tomado las banquetas y flanquea la marcha.

Muchos para sumarse, otros para rezar una oración a su paso; otros, como María, para dar su amor embotellado y fresco, a los que en silencio doloroso van marchando.

La marcha sale puntual, otra vez, desde las instalaciones aberrantes de la guardería ABC.

En algunos postes hay grandes moños negros.

Más arriba de ellos, aparece inopinadamente el rostro de alguien que busca convencer de su autenticidad con una sonrisa falsa, un rostro feliz, un cutis rozagante gracias al bendito ‘Photoshop’, que elimina todas las imperfecciones y proyecta todas las virtudes.

Un mundo perfecto sonríe a la marcha desde algunos postes, más arriba de los moños negros.

El silencio va acumulando rabia. El silencio de la marcha cada vez es más difícil de contener.

La línea sonora de la marcha deja caer esporádicamente sus redobles y marca el ritmo de los pasos, que caminan y se multiplican.

Su silencio se escucha ahora en Hermosillo. Se escucha en el aplauso que comienza de repente. Como murmullo, despacito, tímido. Y va creciendo a lo largo de la marcha que cada vez se resiste más a ser silencio.

Los aplausos son las ganas contenidas de decir ¡Presente! Y ¡Aquí vamos!

Por eso en el Bulevar Vildósola, el silencio se rompe en un aplauso que se extiende.

Por eso María Rosario López no se cansa de romper el silencio. Es la que cada sábado por la tarde, hace llorar las campanas de la iglesia de San José, en la Piedra Bola.

Es ministro de la comunión y está a cargo de la sacristía. Su encrespada melena blanca no está a tono con su fuerza. Recarga el suave peso de su cuerpo en cada esfuerzo, y allá en lo alto, mientras la campana llora, Rosario López explica, con una sonrisa, que ella es la que ha saludado a la marcha cada vez que pasa por ahí, con las campanas.

Y las hace sonar, pero no suenan a duelo, sino a lucha.

Se rompe el silencio, por ejemplo, cuando la marcha toma la explanada y la va llenando. Cuando se apaga el alumbrado de la plaza, y comienzan a encenderse las veladoras, los celulares como luciérnagas azules que iluminan poco a poco el corazón del Centro de Gobierno.

Cuando Catalina Soto toma el micrófono y agradece la presencia de tantos, multitud hermosa y entrañable, le llama.

Cuando dice que los socios, los propietarios, los cómplices de la guardería ABC, van a pagar caro.

Por más fuero que tengan. Por más impunidad de la que hayan gozado. Por más que retuerzan la ley, van a pagar caro por este crimen que estremeció al mundo.

“Es la hora de los pueblos, de la justicia, y no se ha de ver más que la luz”, dice, y la multitud le responde con un grito que identifica el sentimiento auténtico, el porqué de su presencia: “¡No están solos! ¡No están solos!”

 III

 Ya van seis marchas. Seis veces que una maravillosa diversidad hermosillense toma la calle.

Ya van seis y un policía municipal, de tanto andar los mismos pasos, de tanto oír, de tanto ver, termina por sumarse a los que marchando son un chingo y quisieran ser más.

Reporta entre siete y ocho mil manifestantes, tan sólo en la salida.

Esa misma cifra reporta El Imparcial al día siguiente, pero aludiendo al mitin, en la plancha del Centro de Gobierno, una explanada de 3 mil metros cuadrados, atestada de gente.

Cuatro por metro cuadrado. Doce mil, nada más en la plancha, más los que llenaron los dos carriles de la avenida Comonfort.

Cálculo sencillo que El Imparcial no hizo y se desmintió a sí mismo con una gran foto en primera plana, a color, de la plaza llena.

También dos planas en interiores.

Una cobertura excepcional, comparada con la que hizo Expreso, el diario de Julio Luebbert, a quien alguna vez Eduardo Bours aludiera como ‘aprendiz de cacique’.

Aprende pronto, por lo visto.

Para Expreso la marcha no existió. En sus páginas no hay una foto, una sola línea, un comentario de la Sexta Marcha.

Cuando los niños que hoy marchan en carreola, los que caminan, los que se espantan, se asomen a las hemerotecas a ver el periodismo que se hacía en el Sonora del año 2009, se les va a caer la cara de vergüenza.

La democracia de las cavernas sólo puede engendrar un periodismo de las cavernas.

Un día después del dos de octubre de 1968, la noticia más importante de los diarios, como cita una vieja canción de protesta, fue el estado del tiempo.

Un día después de la Sexta Marcha por la Justicia, cuarenta años después, la noticia más importante del Expreso fue el lento conteo de los votos.

El próximo galardón de la SIP para Expreso, será a la “Noticia No Publicada”.

 V

En la explanada, aparecieron todos los niños del incendio en la guardería ABC.

48, para ser exactos.

Pero aparecieron también los que están vivos en los hospitales. En recuperación. En la muy larga, dolorosa, terrible recuperación de las secuelas del incendio.

Algunos de ellos están ahí, en la marcha. Han estado desde la primera.

Son guerreros, como los que cayeron. Y están ahí marchando, sosteniendo cartulinas los que pueden; los que no, echando la siesta bajo el calorón hermosillense, abanicados en la carreola que empuja su madre, su padre.

La luz de la sexta marcha los ilumina y les da nombre y apellido entre la multitud aparentemente anónima, pero que también tiene nombre y apellido.

Los sobrevivientes del incendio rompieron el silencio y de todas partes y de ninguna, salieron.

Alguien gritaba su nombre entre la gente. Abraham lo repetía en el micrófono. Los redobles lo subrayaban y la gente lo reverberaba en un grito que se escucha en todo el mundo: “¡No debe morir!”.

Y así fueron apareciendo todos, los que no murieron, los que deben vivir.

 VI

Un par de días atrás, el gobernador de Sonora declaró ‘urbi et orbi’ que estaba tan satisfecho, que dormía “como un bebito”.

¡Vaya metáfora cuando hay 48 bebitos muertos en la tierra que gobierna!

Vaya mensaje para los que esta noche están aquí, sosteniendo entre sus manos la imagen de sus bebitos, algunos muertos mientras dormían, por la corrupción de los gobiernos.

Vaya sarcasmo para los que buscan un hombro dónde recargar su pena.

Vaya ironía para los que esta noche declinan el uso de la voz, porque el recuerdo los asalta, los lacera, los golpea, los encabrona.

Vaya metáfora, señor gobernador, para decir que se siente tan satisfecho de lo que hizo, tan tranquilo, que duerme como un bebito.

No es lo mismo mandar a chingar a su madre a un profesor en pleno 15 de mayo, que jugar así con el dolor de quien ha perdido un hijo.

Por eso se lee, desde la tribuna, la carta que escribió Ofelia Medina, excepcional actriz mexicana y dirigente a Mujeres sin Miedo, dirigida al gobernador de Sonora, Eduardo Bours.

“El dulce sueño del gobernador es la pesadilla de todo un país, que pide justicia, que exige que usted despierte y se ocupe de sus obligaciones, asuma su responsabilidad, deje de hacer de la vida de nuestra infancia un sucio business, deje de traficar con influencias y no proteja a quienes deben recibir un castigo ejemplar, por el grave delito a la humanidad, que se ha cometido en Sonora, que usted, dormido como un niño, gobierna”, dice la carta.

Y Abraham asegura que el gobernador no duerme como bebé, “ni puede caminar sin guardias por las calles, sin el temor que le griten ¡Asesino!”.

Usted es el culpable y no podrá dormir tranquilo mientras viva, sentencia.

¡Asesino! ¡Asesino!, gritan en la plaza.

¡Que renuncie, que renuncie!, vuelven a gritar.

VII

Cristina García aguanta en posición de firmes, arriba del templete, erguida. Dura.

A su lado está su esposo flaco, correoso, de quijadas apretadas siempre. En sus manos sostienen la imagen de su hijo y eso los sostiene así. Firmes.

Los hermosos ojos de cristina son enormes. Si llorara como la primera vez, la marejada arrasaría a todos. Pero no tiene más llanto porque ha llorado demasiado.

Ahora prefiere leer y hacerse cargo, a título personal, del recuerdo de San Ignacio Río Muerto, donde siete campesinos fueron asesinados y eso le costó el cargo al gobernador de aquél entonces, en 1976, Carlos Armando Biebrich Torres.

Hoy, más de treinta años después, no hay un solo funcionario preso por la muerte de 48 niños.

Ahora, la madre prefiere gritar su exigencia de que renuncien el director del IMSS, David Karam, y el gobernador Eduardo Bours.

Y desde su dolor de madre, también les manda un mensaje a los dueños de la guardería en que murió su hijo: ‘podrán engañar a la justicia, pero su conciencia permanecerá acechada por 48 ángeles’.

VIII

La mamá de Jonatan dice que acaba de abrir el cajón de su ropa. Que aún no ha lavado su pijama para conservar su olor. Y su voz se quiebra y se calla.

Y el silencio se llena con un grito: ¡No están solos! ¡No están solos!

Eso le da fuerzas para hablar a nombre de otros padres. Los que están batallando en el DF para que atiendan a sus hijos, heridos en el incendio de la guardería.

Dice que en el IMSS de Guadalajara, retuvieron al suyo. Que no la dejaron llevarla al Hospital Shrinner’s de Cincinnati, donde hoy se recupera una compañerita de su hijo.

Llora cuando sugiere que su hijo se pudo haber salvado, si el IMSS hubiera permitido que lo llevaran a Cincinnati.

También habla el papá de Fátima, pero apenas le alcanza el aliento para saludar y agradecer.

Dice que su hija no es la 5 ni la 10 ni la 48. Que se llama Fátima… pero su voz simplemente se niega a salir, el dolor le atenaza el cuello.

Su esposa lo toma por los hombros. Lo abraza y lo mira. Y toma el micrófono con una mano, mientras con la otra acaricia su vientre preñado de orgullosos varios meses.

Y desde ahí habla, poco, porque el llanto no la deja. Pide justicia. Abraza a su esposo y así abrazado lo lleva junto a otros padres y madres que también lo abrazan, arriba del templete.

“¡No están solos! ¡No están solos!”, se oye de nuevo.

XI

El acuerdo de la Sexta Marcha, es dirigirse hacia la Casa de Gobierno en la Colonia Pitic. Porque no se les hace justo, dicen, que el gobernador duerma como bebito, mientras 48 bebitos murieron cuando dormían.

julio 13, 2009 Posted by | Crónicas, Reflexiones | , , , , , , , , , , | Deja un comentario