Contra la censura

Burlando el cerco informativo en Sonora

Y después de los niños muertos… no, no se vale

Por Fidel Samaniego

“¿Sabes cómo distinguir de entre todas esas personas a mamás y papás de los pequeñitos muertos en la guardería de Hermosillo?” le pregunté a la joven reportera que estaba a mi lado.

Volteamos a ver a las mujeres y los hombres que esperaban afuera del edificio del Senado de la República a que empezara la comparecencia del director del Seguro Social, Daniel Karam ante integrantes de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión.

No, desde luego no eran quienes vendían una revista que en la portada tiene los rostros alegres de los 48 chiquitines, entonces, cuando les tomaron esas fotografías, a días, semanas o meses de ser asesinados.

Asesinados sí, por la corrupción, la negligencia, la impunidad, la desconsideración. Tampoco eran quienes repetían consignas contra el presidente Calderón, el gobernador Bours, el director Karam.

Ni quien les dirigía.

Una señora con un casco de bombero, y manchas negras en la cara, y un muñeco y una muñeca quemados, en sus brazos, como parte de su actuación, la que le valió ser quien apareciera en las primeras planas de varios periódicos porque daba la imagen sensacional y pretendidamente dramática, la que vende ejemplares.

Ella es de las seguidoras de Andrés Manuel López Obrador, una de quienes el día en el que se iba a aprobar la iniciativa de reformas en materia energética se tiró al piso para evitar que pasara el camión en el que viajaban los senadores.

No, ninguna de ellas, de ellos.

Se les distinguía, a las mamás y los papás de dos de los niños inmolados, porque avanzaban lentamente, con un silencio que gritaba, y sus miradas de infinito dolor. Y no, no buscaban vender nada.

Como nada, nadie podrá jamás recompensarles por la más terrible de las pérdidas, la de una hija, un hijo.

No, tampoco pretendían que sus imágenes fuesen captadas por las cámnaras, o sus voces por las grabadoras.

Quizá ya estén hartas, hartos, de ser noticia que capta rating, lectores. Miren, supuestamente, muy supuestamente, uno, el que reportea, el que escribe, debería mantenerse ajeno, no involucrarse.

Imposible.

Muchas veces en mi carrera no he podido controlar la emoción, o la risa, o el llanto, o, como en lo ocurrido el miércoles de la semana pasada, la indignación.

Una comparecencia, la del director del IMSS en la que el principal motivo de la atención, de la expectación, del morbo, eran las listas de los nombres de quienes poseen y manejan las guarderías que les han sido subrogadas.

Una cita a la que quizá debería también haber acudido el hoy secretario de Comunicaciones y Transportes, Juan Molinar Horcasitas, el que como director del Seguro contrató a Carla Rochín, la coordinadora de guarderías y quien entre sus méritos y antecedentes tiene el de ser amiga de los jerarcas del gobierno federal y del PAN, ex diputada federal, licenciada en decoración de interiores y ex gerente del restaurante guanajuatense El Gallo Pitagórico, quien por cierto ni acudió ni ha dado la cara.

Una comparecencia que fue una burla para los dolientes, para la memoria de los niños y niñas que murieron en ese infierno en que se convirtió la guardería criminalmente instalada en una bodega.

Karam habló y habló.

Dijo que el IMSS fue el primero en tomar medidas, en despedir al delegado estatal y a otros funcionarios, y que ninguno de los responsables quedará sin castigo, sin importar filiación política, nivel o parentescos.

Después habló de lo que originó la tragedia, y de las medidas que se han tomado y se tomarán para que nunca más vuelva a ocurrir.

O sea, después de los niños fallecidos…

Las listas.

Las llevaba en cinco discos compactos, uno para cada fracción parlamentaria.

Después de más de un mes, no se les ocurrió, a él y a sus colaboradores, o no quisieron llevar ya las hojas impresas, mil 700 por cada disco.

Y cuando por fin aparecieron en las pantallas de las computadoras, y en las hojas que se repartieron, luego de casi 3 horas de comparecencia, lo que importó a algunos de los legisladores fue el impúdico intercambio de acusaciones.

Que si en las listas aparecían los nombres de un primo hermano de Felipe Calderón, y de un hermano y las hijas del ex gobernador guanajuatense Carlos Medina Plascencia, y de un hermano de Vicente Fox, dijeron los perredistas.

También está la militante del PRD y funcionaria del gobierno capitalino Malú Micher, respondió una panista.

Listas, relación muy irregular, en la que se confunden quienes participan como integrantes de consejos directivos de guarderías, asociaciones sin fines de lucro y los que las poseen como negocio.

Guarderías que proliferaron en el ramo de la subrogación a partir del sexenio pasado, cuando el Seguro dejó de construirlas.

Pero…¿y esas mujeres, esos hombres, mamás, papás de los peques fallecidos?

Pues ahí estaban. Con su silencio. Con su dolor.

Una de ellas movió la cabeza de un lado a otro, inocultable su estupor, su indignación, cuando un senador de Convergencia, el primero en hablar, felicitó al director del Seguro Social por su trabajo de recopilación de datos sobre los propietarios de las guarderías.

Cuando llegó Daniel Karam, saludó de mano a los legisladores, un asistente le pasó la tarjeta en la que le dijo que en la sala estaban los dolientes, se dirigió a ellas, a ellos, les saludó,, no le respondieron.

Al final, le mostraron una cartulina en la que le pedían que por inepto, por encubridor, renuncie.

Cuando se marchaban, me acerqué a una de las señoras. En su camiseta está grabada la imagen de su hijo. Le llaman… le llamaban Yeyé.

“Es que como desde chiquito todos le decíamos Bebé, el se decía Yeyé, así decía que se llamaba, así se le quedó” me dijo cuando le pregunté.

Y durante unos cuantos segundos, quizá por el recuerdo, por revivir imágenes, y esa vocecita, recuperó la sonrisa.

Después se marchó.

Ya no la acosaban reporteros. La nota eran, ni siquiera las guarderías que siguen funcionando con instalaciones deficientes, menos las que sí cumplen, sino las listas, los nombres.

Ya era de noche.

Su mirara otra vez era infinitamente dolorosa.

Y su silencio seguía gritando.

Y Yeyé… Yeyé ya no iba de su mano como cuando salían a pasear ni la esperaba en casa.

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julio 13, 2009 - Posted by | Crónicas | , , , , , ,

1 comentario »

  1. Excelente tus palabras que van mas a ya de todo lo que uno siente.. desde el corazon.. no de la vista de los demas..
    muy triste verdad pero cierta..

    Comentario por Clarisa | julio 22, 2009 | Responder


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