Contra la censura

Burlando el cerco informativo en Sonora

Dormir como bebito

El Zancudo

(No mata, pero hace roncha)

El Zancudo

El Zancudo

 Arturo Soto Munguía

Y luego aparecieron otra vez los ángeles, como les llaman.

Los Niños de Hermosillo. Los que en lugar de ser paridos, parieron a sus padres y madres y parieron también a todos los que primero marchan y luego se aprietan en la plaza.

Los que se abrazan, los que se miran, los que se hermanan al tocar hombro con hombro.

Los que aguantan a pie firme el sentimiento porque saben que son muchos y que no están solos.

Apareció por ejemplo María Magdalena en la garganta de Abraham Fraijo. Le siguió un redoble de tambores. Y se estremeció la plaza con un grito: “¡No debió morir!”.

Le siguió Andrea y el redoble y el grito que estremece: “¡No debió morir!”.

Apareció Emilia, su hija, y la voz se hizo añicos, y la gente lo sostuvo entre sus brazos con un grito: “¡No debió morir!”

Apareció Héctor, Ximena, Jonatan, Luis, Juanito, Bryan, Nayeli, María, Jesús, Joselin…

Y cada vez que aparecía uno de ellos, aparecía un redoble de tambores y un grito que decía “¡No están solos!”.

II

El silencio está otra vez en el sur de Hermosillo, y avanza al centro con su estruendo de pasos silenciosos.

La vanguardia de niños en carreola suma filas mientras avanza. 10, 20, 30… muchos niños van a la vanguardia, otra vez, como lo han hecho seis veces desde que comenzó todo esto.

El silencio avanza, doloroso. Huele a incienso en la partida.

El silencio marcha y se refresca con el agua helada que Ana María Millán reparte a discreción desde una hielera repleta. No es nada: ni doliente, ni pariente, ni nada, dice.

Nomás la voluntad de dar de beber al sediento, a los miles que caminan retando el verano hermosillense.

En la ciudad, la solidaridad ha tomado las banquetas y flanquea la marcha.

Muchos para sumarse, otros para rezar una oración a su paso; otros, como María, para dar su amor embotellado y fresco, a los que en silencio doloroso van marchando.

La marcha sale puntual, otra vez, desde las instalaciones aberrantes de la guardería ABC.

En algunos postes hay grandes moños negros.

Más arriba de ellos, aparece inopinadamente el rostro de alguien que busca convencer de su autenticidad con una sonrisa falsa, un rostro feliz, un cutis rozagante gracias al bendito ‘Photoshop’, que elimina todas las imperfecciones y proyecta todas las virtudes.

Un mundo perfecto sonríe a la marcha desde algunos postes, más arriba de los moños negros.

El silencio va acumulando rabia. El silencio de la marcha cada vez es más difícil de contener.

La línea sonora de la marcha deja caer esporádicamente sus redobles y marca el ritmo de los pasos, que caminan y se multiplican.

Su silencio se escucha ahora en Hermosillo. Se escucha en el aplauso que comienza de repente. Como murmullo, despacito, tímido. Y va creciendo a lo largo de la marcha que cada vez se resiste más a ser silencio.

Los aplausos son las ganas contenidas de decir ¡Presente! Y ¡Aquí vamos!

Por eso en el Bulevar Vildósola, el silencio se rompe en un aplauso que se extiende.

Por eso María Rosario López no se cansa de romper el silencio. Es la que cada sábado por la tarde, hace llorar las campanas de la iglesia de San José, en la Piedra Bola.

Es ministro de la comunión y está a cargo de la sacristía. Su encrespada melena blanca no está a tono con su fuerza. Recarga el suave peso de su cuerpo en cada esfuerzo, y allá en lo alto, mientras la campana llora, Rosario López explica, con una sonrisa, que ella es la que ha saludado a la marcha cada vez que pasa por ahí, con las campanas.

Y las hace sonar, pero no suenan a duelo, sino a lucha.

Se rompe el silencio, por ejemplo, cuando la marcha toma la explanada y la va llenando. Cuando se apaga el alumbrado de la plaza, y comienzan a encenderse las veladoras, los celulares como luciérnagas azules que iluminan poco a poco el corazón del Centro de Gobierno.

Cuando Catalina Soto toma el micrófono y agradece la presencia de tantos, multitud hermosa y entrañable, le llama.

Cuando dice que los socios, los propietarios, los cómplices de la guardería ABC, van a pagar caro.

Por más fuero que tengan. Por más impunidad de la que hayan gozado. Por más que retuerzan la ley, van a pagar caro por este crimen que estremeció al mundo.

“Es la hora de los pueblos, de la justicia, y no se ha de ver más que la luz”, dice, y la multitud le responde con un grito que identifica el sentimiento auténtico, el porqué de su presencia: “¡No están solos! ¡No están solos!”

 III

 Ya van seis marchas. Seis veces que una maravillosa diversidad hermosillense toma la calle.

Ya van seis y un policía municipal, de tanto andar los mismos pasos, de tanto oír, de tanto ver, termina por sumarse a los que marchando son un chingo y quisieran ser más.

Reporta entre siete y ocho mil manifestantes, tan sólo en la salida.

Esa misma cifra reporta El Imparcial al día siguiente, pero aludiendo al mitin, en la plancha del Centro de Gobierno, una explanada de 3 mil metros cuadrados, atestada de gente.

Cuatro por metro cuadrado. Doce mil, nada más en la plancha, más los que llenaron los dos carriles de la avenida Comonfort.

Cálculo sencillo que El Imparcial no hizo y se desmintió a sí mismo con una gran foto en primera plana, a color, de la plaza llena.

También dos planas en interiores.

Una cobertura excepcional, comparada con la que hizo Expreso, el diario de Julio Luebbert, a quien alguna vez Eduardo Bours aludiera como ‘aprendiz de cacique’.

Aprende pronto, por lo visto.

Para Expreso la marcha no existió. En sus páginas no hay una foto, una sola línea, un comentario de la Sexta Marcha.

Cuando los niños que hoy marchan en carreola, los que caminan, los que se espantan, se asomen a las hemerotecas a ver el periodismo que se hacía en el Sonora del año 2009, se les va a caer la cara de vergüenza.

La democracia de las cavernas sólo puede engendrar un periodismo de las cavernas.

Un día después del dos de octubre de 1968, la noticia más importante de los diarios, como cita una vieja canción de protesta, fue el estado del tiempo.

Un día después de la Sexta Marcha por la Justicia, cuarenta años después, la noticia más importante del Expreso fue el lento conteo de los votos.

El próximo galardón de la SIP para Expreso, será a la “Noticia No Publicada”.

 V

En la explanada, aparecieron todos los niños del incendio en la guardería ABC.

48, para ser exactos.

Pero aparecieron también los que están vivos en los hospitales. En recuperación. En la muy larga, dolorosa, terrible recuperación de las secuelas del incendio.

Algunos de ellos están ahí, en la marcha. Han estado desde la primera.

Son guerreros, como los que cayeron. Y están ahí marchando, sosteniendo cartulinas los que pueden; los que no, echando la siesta bajo el calorón hermosillense, abanicados en la carreola que empuja su madre, su padre.

La luz de la sexta marcha los ilumina y les da nombre y apellido entre la multitud aparentemente anónima, pero que también tiene nombre y apellido.

Los sobrevivientes del incendio rompieron el silencio y de todas partes y de ninguna, salieron.

Alguien gritaba su nombre entre la gente. Abraham lo repetía en el micrófono. Los redobles lo subrayaban y la gente lo reverberaba en un grito que se escucha en todo el mundo: “¡No debe morir!”.

Y así fueron apareciendo todos, los que no murieron, los que deben vivir.

 VI

Un par de días atrás, el gobernador de Sonora declaró ‘urbi et orbi’ que estaba tan satisfecho, que dormía “como un bebito”.

¡Vaya metáfora cuando hay 48 bebitos muertos en la tierra que gobierna!

Vaya mensaje para los que esta noche están aquí, sosteniendo entre sus manos la imagen de sus bebitos, algunos muertos mientras dormían, por la corrupción de los gobiernos.

Vaya sarcasmo para los que buscan un hombro dónde recargar su pena.

Vaya ironía para los que esta noche declinan el uso de la voz, porque el recuerdo los asalta, los lacera, los golpea, los encabrona.

Vaya metáfora, señor gobernador, para decir que se siente tan satisfecho de lo que hizo, tan tranquilo, que duerme como un bebito.

No es lo mismo mandar a chingar a su madre a un profesor en pleno 15 de mayo, que jugar así con el dolor de quien ha perdido un hijo.

Por eso se lee, desde la tribuna, la carta que escribió Ofelia Medina, excepcional actriz mexicana y dirigente a Mujeres sin Miedo, dirigida al gobernador de Sonora, Eduardo Bours.

“El dulce sueño del gobernador es la pesadilla de todo un país, que pide justicia, que exige que usted despierte y se ocupe de sus obligaciones, asuma su responsabilidad, deje de hacer de la vida de nuestra infancia un sucio business, deje de traficar con influencias y no proteja a quienes deben recibir un castigo ejemplar, por el grave delito a la humanidad, que se ha cometido en Sonora, que usted, dormido como un niño, gobierna”, dice la carta.

Y Abraham asegura que el gobernador no duerme como bebé, “ni puede caminar sin guardias por las calles, sin el temor que le griten ¡Asesino!”.

Usted es el culpable y no podrá dormir tranquilo mientras viva, sentencia.

¡Asesino! ¡Asesino!, gritan en la plaza.

¡Que renuncie, que renuncie!, vuelven a gritar.

VII

Cristina García aguanta en posición de firmes, arriba del templete, erguida. Dura.

A su lado está su esposo flaco, correoso, de quijadas apretadas siempre. En sus manos sostienen la imagen de su hijo y eso los sostiene así. Firmes.

Los hermosos ojos de cristina son enormes. Si llorara como la primera vez, la marejada arrasaría a todos. Pero no tiene más llanto porque ha llorado demasiado.

Ahora prefiere leer y hacerse cargo, a título personal, del recuerdo de San Ignacio Río Muerto, donde siete campesinos fueron asesinados y eso le costó el cargo al gobernador de aquél entonces, en 1976, Carlos Armando Biebrich Torres.

Hoy, más de treinta años después, no hay un solo funcionario preso por la muerte de 48 niños.

Ahora, la madre prefiere gritar su exigencia de que renuncien el director del IMSS, David Karam, y el gobernador Eduardo Bours.

Y desde su dolor de madre, también les manda un mensaje a los dueños de la guardería en que murió su hijo: ‘podrán engañar a la justicia, pero su conciencia permanecerá acechada por 48 ángeles’.

VIII

La mamá de Jonatan dice que acaba de abrir el cajón de su ropa. Que aún no ha lavado su pijama para conservar su olor. Y su voz se quiebra y se calla.

Y el silencio se llena con un grito: ¡No están solos! ¡No están solos!

Eso le da fuerzas para hablar a nombre de otros padres. Los que están batallando en el DF para que atiendan a sus hijos, heridos en el incendio de la guardería.

Dice que en el IMSS de Guadalajara, retuvieron al suyo. Que no la dejaron llevarla al Hospital Shrinner’s de Cincinnati, donde hoy se recupera una compañerita de su hijo.

Llora cuando sugiere que su hijo se pudo haber salvado, si el IMSS hubiera permitido que lo llevaran a Cincinnati.

También habla el papá de Fátima, pero apenas le alcanza el aliento para saludar y agradecer.

Dice que su hija no es la 5 ni la 10 ni la 48. Que se llama Fátima… pero su voz simplemente se niega a salir, el dolor le atenaza el cuello.

Su esposa lo toma por los hombros. Lo abraza y lo mira. Y toma el micrófono con una mano, mientras con la otra acaricia su vientre preñado de orgullosos varios meses.

Y desde ahí habla, poco, porque el llanto no la deja. Pide justicia. Abraza a su esposo y así abrazado lo lleva junto a otros padres y madres que también lo abrazan, arriba del templete.

“¡No están solos! ¡No están solos!”, se oye de nuevo.

XI

El acuerdo de la Sexta Marcha, es dirigirse hacia la Casa de Gobierno en la Colonia Pitic. Porque no se les hace justo, dicen, que el gobernador duerma como bebito, mientras 48 bebitos murieron cuando dormían.

julio 13, 2009 Posted by | Crónicas, Reflexiones | , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Todos a la marcha ¡No están solos!

Hoy SÁBADO 11 DE JULIO.Vela

Marcha de la luz de la Guarderia ABC a el Centro de Gobierno.

Todos con una vela/veladora, a patir de las 18:00 horas.

¡¡¡No dejemos que la apatía de la que recién salimos acabe con esta muestra extraordinaria de civilidad y solidaridad!!!

julio 11, 2009 Posted by | Reflexiones | , , , , , | Deja un comentario

La comparecencia

Karam

julio 9, 2009 Posted by | Reflexiones | , , | Deja un comentario

Ficha roja, sólo para localizar a dueños.

MALO.

Aun cuando la PGR dice que expidió una orden tipo Ficha Roja en la interpol “para la captura y detención” de los dueños de la guardería, la realidad es que en la página de la Interpol (www.interpol.int) dice que este tipo de fichas es SÓLO PARA LA LOCALIZACIÓN DE LA PERSONA, TALVEZ SU DETENICIÓN, PERO APENAS EN MIRAS DE UNA POSIBLE EXTRADICIÓN.

Es decir, lo que hizo la PGR es apenas pedir la ayuda internacional para localizar a los dueños de la guardería. Si los encuentran no es seguro que los traigan a rendir cuentas. Malo, malo.

Cito textual:

An Interpol Red Notice is not an international arrest warrant. (negritas de CONTRALACENSURA)

These Interpol ‘Red Notices’ represent only a tiny fraction of the number of red notices issued by Interpol.

The persons concerned are wanted by national jurisdictions (or the International Criminal Tribunals, where appropriate) and Interpol’s role is to assist the national police forces in identifying or locating those persons with a view to their arrest and extradition.

These red notices allow the warrant to be circulated worldwide with the request that the wanted person be arrested with a view to extradition.

A distinction is drawn between two types of red notice: the first type is based on an arrest warrant and is issued for a person wanted for prosecution; the second type is based on a court decision for a person wanted to serve a sentence.

julio 7, 2009 Posted by | Reflexiones | , , , , , , , , | Deja un comentario

Crece. La rabia crece

EL Zancudo
(No mata, pero hace roncha)
Arturo Soto Munguía

I
La ira crece. La impotencia se desborda en la plaza Emiliana de Zubeldía, como se desborda el llanto de los que en silencio van andando, marchando, sollozando, rezando.
En Hermosillo, los únicos que siguen riendo son los candidatos a lo que sea, del partido que sea. Ríen desde los postes, desde los espectaculares, en las pantallas electrónicas, en los desplegados de prensa.

Son los únicos que ríen, porque la ciudad está llorando.
El sábado anterior preguntamos de qué se ríen. Hoy lo sabemos. Festejan el Top Ten del insulto: ignorante, arrogante, pandilla de atracadores…
Los motivos de su risa no tienen nada qué ver con los motivos de la marcha del Movimiento 5 de junio.
Su risa es ajena al dolor de los que marchan y por eso, cuando se pregunten -como alguna vez se preguntó el genocida George Bush- ¿Por qué nos odian?, pueden acudir por la respuesta a la Plaza Emiliana de Zubeldía, donde la memoria social hermosillense se está escribiendo. Ahora mismo.

II

Tamm… …Tammm… …Tamm… El Güero del Acordeón, como lo conocimos en los tiempos de la crónica urbana aderezada con percusiones, golpea el tambor.
El Colas marca el ritmo con las batacas, lento, espaciado. Fúnebres suenan los redobles. Sonoros en medio del silencio. Tristes como los ojos de los que marchan y suman miles.
El Colas quisiera hacer bailar a la gente, porque eso le sale muy bien. Pero hoy la hace llorar desde el repiqueteo con que marca el ritmo fúnebre de los tambores que marchan. Avanzan. Caminan. Suenan y se meten en los oídos como algo que no se quiere oír.
Al frente va Ximena y su sonrisa inolvidable, imperecedera. Sus ojos luminosos abren el camino y están ahí para que no se olviden, como van en la espalda de su padre, indelebles en el tatuaje aún hinchado y casi sangrante.
Va también Xiuan, montado en una tortuga feliz, como era.
Va Yeyé: “Por ti hasta la vida, te lo juro”, sentencia la madre en la pancarta que dice su nombre.
Va Andrés en el llanto contenido de su madre y de su padre, que se abrazan en la primera fila de la marcha.
Va Julián, superhéroe, ‘flaquito precioso TQM’.
Va Juan Israel, que quiere estar con sus papitos.
Van todos. Casi todos los que murieron en el incendio de la guardería ABC.
Van en imágenes. Viajan en globos rosas y azules con sus nombres que flotan sobre la camioneta que también marcha.
48 nombres que jamás debieron ser escritos con el pulso tembloroso de quien los extraña tanto.
Ni con la voz de la abuela que se quiebra con sólo articular un monosílabo. La que acompaña a los pequeños que llegaron desde Phoenix para pasar lista de presente en esa generación que aprende sus primeros pasos y sus primeras letras marchando por la justicia.
En Sonora, la corrupción mata a los niños. En Sonora, la corrupción y la impunidad matan a los niños, y por los niños que pueden ser los nuestros, por eso es que marchamos.
Marchan también las figuras colosales de los muchachos y muchachas que desde lo alto atisban con la mirada dura. Ni por asomo una sonrisa. Las quijadas van trabadas. Los ojos de acero. El corazón estrujado desde lo alto de sus zancos, desde sus alas angelicales y los rostros maquillados y callados y su boca amordazada.
‘Justicia. Asesinos a la cárcel’, dice una pancarta.
También marcha Santiaguito, que está en el cielo y está en la tierra.
En la tierra marcha al frente y en las calles de Hermosillo dice “No te olvidaremos”.
En el cielo, está mirando hacia abajo, viendo a su padre que sí lo conoce bien y por eso dice que en estos momentos Santiaguito se está asomando entre las nubes y diciéndole a sus amiguitos: “Aquel que está allá abajo es mi papá… ¡Y no se va a dejar de ningún pendejo!”.

III

Puntuales, salen a las seis y poco. Es sábado y el cielo está encapotado. Triste. Por eso en la calle, los hombres se quitan el sombrero y bajan la mirada. Por eso las mujeres abrazan a sus novios y esposos. Por eso las madres estrujan a sus pequeños contra su pecho con la compulsión de la madre que no quiere que le quiten a su retoño.
Por eso hay mucha gente en las banquetas del bulevar Luis Encinas, saludando la marcha, resistiendo el llanto, aguantando las ganas de gritar y mentar madres y decir ‘estamos con ustedes porque mañana podemos ser nosotros’.
La marcha va, como diría Víctor Jara, con el alma llena de banderas.
También de lonas, mantas y pancartas que desde un silencio que aturde dicen: “Yo soy culpable por confiar mi hijo a corruptos”. “IMSS: No protejas impunes”. “No olvidemos”. “Cómo vivir sin ti, preciosa”. “Nada ni nadie por encima de la ley”, dicen, como doloroso sarcasmo; como un llanto que se ríe.
Como una mentada de madre que se agolpa en el pecho y amenaza con romper el aire.
Tummmm… …Tummmm… Tummmm….  … Suenan los tambores, fúnebremente acompasados.
Truena el cielo cuando llegan a la calle Matamoros para entrar al centro de la ciudad. Son miles y miles que en silencio marchan.
Pero el silencio pesa. Inflama. Se agiganta y parece que algo va a estallar en cualquier momento.
Mucha gente deja la banqueta y se suma a la marcha. No están solos, dicen, y se suman.
Y avanzan. En silencio avanzan. Con el corazón encogido, con los ojos de agua, con la boca seca, con el grito que se les hace un nudo en la garganta, avanzan.
Con su silencio dicen: ‘Justicia’.
Dicen ‘Amor’. Dicen, con su silencio de miles: ‘No están solos’.

IV

6:30. Sábado.
Tarde gris del Hermosillo lastimado.
Matamoros y Colosio, esquina donde esperan cientos de personas que al incorporarse a la marcha son una sola, recuperando para las calles el carácter de espacio púbico. El único donde se escribe la historia.
Algo tiene esta marcha que la vuelve poderosa. No son los diez, once, doce o no sé cuántos miles que caminan. No es eso.
Quizás sea la implacable, la devastadora ternura de Joselin Valentina, que está sentada en los peldaños de una escalera, con el cabello recogido en dos colitas que nacen como diminutas palmeras tropicales.
Quizá sea la mirada feliz e inocente que doblega al más macho o la sonrisa que jamás se volverá a ver, a menos que sea la que sus familiares sostienen en una lona donde también se lee: Nació 08-05-07 – Murió 05-06-09.
Con esa imagen, se incorporan, también, y con el rostro divertido y tierno de Joselin vuelven más poderosa la marcha, que en silencio avanza y en silencio suma y en silencio le mienta la madre a los asesinos.
Porque, ¿se han fijado? Los padres, cuando aluden a sus hijos no dicen ‘se murió’. Dicen: “me lo mataron”.
Otros que marchan son los periodistas. Van ahí también, en silencio con sus cámaras, micrófonos, libretas, teléfonos, con todo lo que les permita documentar y ser parte de esta jornada que hace historia en Hermosillo.
Es el despertar de una sociedad civil que llenó la plaza y tomó la calle por su cuenta. Los periodistas van, también, estremecidos en el redoble fúnebre de los tambores y el silencio angustiante de los miles que caminan con los ojos llenos de agua y las mandíbulas apretadas.
Por cuarta vez, Radio Bemba transmite en vivo, urbi et orbi. Desde la calle para todo el mundo reproduce el ruido de los pasos, la voz del silencio que en ocasiones, como es el caso, nos dice a todos: ‘No están solos’.
La calle Serdán es un río ruidoso y por lo tanto, algo lleva.
Ahí, otro muerto memorable se aparece. Mario Benedetti dice, desde una manta: “Hay odios que ennoblecen”. Y con ello les responde a los que desde la impunidad refrigerada de su oficina, se les hace fácil decretar que el dolor no se convierta en odio.
Hay odios que ennoblecen, canta, recita, musita, llora Benedetti desde el horror de la dictadura que le tocó vivir para que otros no lo viviéramos.
Y ennoblecidos, los padres y familiares de los niños muertos y de los que viviendo mueren en los hospitales para quemados, van, avanzan, con el alma adolorida y valiente para decir como dijo Roberto Zavala, “no nos vamos a dejar de ningún pendejo”.

V

Son Horas de Junio y la poesía aparece en yaqui y en todos los idiomas y dialectos. Hay un encuentro de escritores en Hermosillo y algunos dejaron el auditorio para sumarse al silencio que ensordece.
Caminan también, abajo y arriba de la tierra, dejando que sus musas caigan de rodillas al paso de tanta gente tan silenciosa y tan poderosa.
Hay 48 flechas aztecas clavadas en el corazón de los poderosos.
Al tomar el bulevar Encinas, para ir a Palacio de Gobierno, Laura Fernanda no aguantó. Se durmió con sus tan poquitos dos años de vida. Su papá tiene una cola en el cabello y la abanica en la carreola, mientras camina, con otros miles detrás de ellos, que como ellos, no saben que hay miles delante de ellos.

VI

La marcha avanza silenciosa y poderosa. Va acumulando el sentimiento. Los sentimientos que se mezclan sobre la calle, al lado del frío edificio de gobierno sin gobernante, porque dicen, cada vez que hay una marcha por los niños muertos, se va a Obregón, su ciudad natal.
“Ya son 48, ¿vas a esperar por más, hijo de la chingada?”, dice una pancarta, cuando pasa por las puertas de Palacio.
En Palacio hay dolientes de otros niños muertos. Víctor Abdiel es uno de ellos, víctima de la negligencia médica en el Hospital Chávez. “Es necesario hacer un alto. El gobierno no hace caso a las marchas silenciosas”, gritan sus padres.
La marcha se detiene. El silencio se rompe. “¡Justicia! ¡Justicia!, comienzan a corear todos. ¡Que renuncie! ¡Que renuncie!, vuelve a sonar la proclama en la sede del gobierno del estado de Sonora.
“Aquí está uno más del sexenio de Bours”, grita otro padre, que exhibe las crudas fotografías de su hijo descuartizado en un hospital.
“Son chingaderas”, grita. Y se queja de que algunos conductores de Telemax, la televisora gubernamental, los ha llamado ‘buitres’ por denunciar las negligencias médicas que les arrebataron a sus hijos.
Hay un momento de confusión. Un instante en que el silencio se rompe en Palacio de Gobierno y miles de voces se estremecen en un grito: “¡Que renuncie-que renuncie!”.

VII

A las 7:26, la marcha toma de nuevo el Luis Encinas rumbo a la Plaza Emiliana de Zubeldía.
Ahí va don Miguel Acedo, con un lazo negro en el brazo, sobre el bíceps flaco bajo su camisa blanca y sus 74 años. Es de los organizadores de la marcha y ha mantenido el paso como el mejor.
-Tiene buena condición, le digo.
-Qué madre, ya me he aventado cuatro, me responde. Y las que faltan, agrega con una sonrisa.
El río de gente se desborda rumbo a la plaza. Los carriles en un solo sentido son insuficientes, así que se abren y la gente toma toda la calle. Y avanza.
Nunca, antes, los hermosillenses tomaron los ocho carriles que unos toman como parámetros de progreso, y otros toman como el espacio público para decir que el progreso no debe ser a costa de la vida de sus hijos.

VIII

Laura Fernanda ya despertó. Se bajó de la carreola y camina de la mano de su padre.
Si a las seis de la tarde la Emiliana de Zubeldía era pequeña, a las ocho de la noche estaba reventando de gente. Ahí se rompe el silencio.
Cristina García es su nombre, pero es igual al nombre de muchos más que ahora lloran a sus hijos.
Ella es madre de una bebé que no murió en el incendio, pero la niña carga con las complicaciones de quien estuvo a punto de morir entre los gases tóxicos del material prohibido que se quemó en la guardería.
Estamos escribiendo la historia, para que si se repite, no sea porque nosotros nos hicimos a un lado, le digo a la muchacha que se acerca a preguntarme que si qué hago.
Le digo que no me mire a mí. Que mire allá, donde una madre carga con el peso de explicarle a su niña cada día, que debe separarse de ella, porque tiene que irse a trabajar.

IX

La plaza está oscura. Huele a cera quemada. Huele a lo que no quiero oler pero estoy ahí, junto a miles que aquí están, para decir algo. Para romper el silencio.
Las palabras de la madre calan hondo, porque le habla a miles de personas como si le hablara a su pequeña, sobreviviente del incendio, pero que difícilmente sobrevivirá el olvido:
“Perdón, mi amor, porque yo te prometí que nadie te lastimaría y te fallé. Perdóname mi amor”.
“Si ustedes nos dejan solos, ¿con qué voz vamos a pedir justicia?”, pregunta desde el templete Cristina García, la madre de la niña que aún se ahoga, quién sabe si recordando el humo.
Y la plaza tiembla con un grito: “¡No están solos! ¡No están solos!”.
La plaza está oscura, porque el alumbrado público se cortó esa noche, pero no hace falta. Más oscuros están los corazones de otros.
¿De cuáles otros?, surge la pregunta. Y una pancarta responde: “Niños ABC, en el corazón de unos, en la conciencia de otros”.

X

“Ustedes conocían a Ximena”, dice Raúl Álvarez, su padre, “porque durante todo este tiempo estuvimos pidiendo un milagro. Ella duró dos semanas con muerte cerebral y luchó contra la muerte. Ella nos enseñó sobre la lucha”.
Ximena fue la muerte 48 del incendio en la guardería ABC. Para la estadística oficial ella es una muerta más. Para su padre es el amor que llevará tatuado en la espalda, toda la vida.
Roberto Zavala está tranquilo. Su voz serena. Habla de Santiaguito, su hijo. De sus encantos y sus travesuras y la luminosidad que inundaba su casa cuando manejaba en reversa el Tonka corriendo de un lado a otro.
Porque le gustaba correr, al Santiaguito, de un lado a otro de la casa.
Se los presento, dice: a los policías que impidieron el rescate de más niños. A los bomberos que llegaron tarde. A los que firmaron permisos para que operara la guardería. A los dueños de la guardería, que recibían dos mil quinientos pesos al mes. Se los presento al gobernador y a la PGR; al juez que liberó a los detenidos con una fianza pagada con el fondo creado por el gobierno estatal para las víctimas.
Se los presento. Y ya que lo conocen les pregunto: ¿Ustedes creen que somos unos pendejos? Si esto queda impune, entonces sí seremos unos pendejos, gritó, en medio de la plaza.
Y aprovechando que Benedetti andaba  por ahí, casi lo cita cuando dijo que entre el gobernador y él hay algo personal. Le recordó a Bours que en una entrevista al diario Milenio, el gobernador declaró que algunas personas se le habían acercado para manipularlo.
No señor. Las únicas personas que se han acercado para eso, son las que usted mandó. Las que le dijeron que en el cielo, Santiago estaba triste porque yo estaba enojado.
Pero ustedes no conocen a Santiago. Yo sí. Y yo sé que en el cielo, Santiago está viendo para abajo y diciéndole a sus amigos: “Aquel pinche loco que está allá es mi papá. Y no se va a dejar de ningún pendejo”.
Los testimonios siguen. El silencio de la marcha se acabó. La voz de los padres inunda la plaza con un reclamo de justicia y muchas ganas de documentar la historia de una tragedia que se pudo evitar, pero la mezquindad y la ambición de los gobiernos no quisieron, porque pudo más la ambición de los gobernantes.
Alí Primera resucita desde algún lugar bajo la tierra venezolana, y canta, como siempre ha cantado, como seguirá cantando mientras sigan muriendo niños inocentes, víctimas de la mezquindad, la ambición y el blindaje que dan las cuentas bancarias millonarias.
Alí Primera canta, pre moderno y arcaico. Desfasado. No cabe en el Hermosillo, en el Sonora de progreso, desarrollo, modernidad y marketing.
Pero canta en el corazón de una sociedad herida que no sabe mucho de eso. Que no discute ideologías ni partidos.
Canta en el corazón de los padres a los que les han matado a sus hijos y eso, no conoce linderos.
En la plaza, en la voz de un poeta colombiano que vino a las horas de junio en Hermosillo, Alí Primera canta: ‘no basta rezar/hacen falta muchas cosas para conseguir la paz…’.
Canta Pancho Jaime, también, pero dice que no se puede cantar con un nudo en la garganta.
Cae la noche en la plaza. Jornada intensa y dolorosa. Convocatoria a volver a estar, como estaremos, el próximo sábado, sin falta.
Por los niños que murieron. Por los que no han muerto. Por los que merecen vivir, ahí estaremos.

julio 3, 2009 Posted by | Crónicas, Reflexiones | , , , , , , , , , | Deja un comentario

Tráfico de influencias.

Tráfico de influencias es la forma más elegante de llamarle.
Un gran tinglado de tráfico de influencias, sobre tráfico de influencias, sobre tráfico de influencias.

Primero. Antonio Salido, real socio de la guardería y no su esposa Marcia Gómez del Campo, es informado del incendio por el mismisimo gobernador Bours en persona, quien lo abraza y se lo trae en el vuelo privado que lo regresó a Sonora.

Segundo. Por varios días, las autoridades locales se niegan a dar los nombres de los dueños, hasta que dichos nombres empiezan a “brotar” por otros lugares como los apartados para comentarios de sus notas que tiene El Imparcial, entre otros periódicos.
Ya no había nada que hacer, los nombres eran de dominio público y por fin los dicen. Más bien los confirman.

Tercero. La autoridad local se tarda varios días, pero varios, para decir al final que no son competentes para darle cause a la investigación porque se trata de una guardería subrogada.

Cuarto. El secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, el gobernador, Eduardo Bours, y demás “colaboradores” escriben en la Casa de Gobierno el guión de cómo se hará la representación teatral de las investigaciones.

Cinco. Los dueños de la guardería intentan ampararse contra la acción de la justicia, pero el beneficio les es denegado.

Seis. Gómez Mont y Bours empiezan las escaramusas públicas, y la PGR atrae el caso. Ya han pasado no días, semanas.

Seis. Se giran las órdenes de aprehensión, pero, oh sorpresa, los dueños de la guardería ya se encuentran “refugiados” en algún punto de Canadá.

Que buenos escritores. Un poco más y su farsa se vuelve una comedia digna de Woody Allen.

julio 3, 2009 Posted by | Reflexiones | , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Nada en la Interpol

Hasta el momento, las órdenes de captura internacionales en contra de los dueños y/o socios de la guardería ABC de Hermosillo no aparecen en la página de la Interpol, específicamente entre

Interpol

Interpol

las órdenes de aprehensión giradas contra mexicanos (http://www.interpol.int/Public/Wanted/Search/ResultListNew.asp?EntityName=&EntityForename=&EntityNationality=MEXICO&EntityAgeBetween=15&EntityAgeAnd=95&EntitySex=&EntityEyeColor=&EntityHairColor=&EntityOffence=&ArrestWarrantIssuedBy=&EntityFullText=&cboNbHitsPerPage=8&cboNbPages=20&Search=Search).

A saber:

  • Gildardo Francisco Urquídes Serrano
  • Sandra Lucía Tellez Nieves
  • Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo Tonella
  • Antonio Salido, y
  • Alfonso Escalante Hoeffer

Esto resulta de gran importancia porque, al parecer, todos menos las autoridades saben que buena parte de ellos se encuentran en Canadá. Esperemos que estas órdenes libradas por la PGR no sean otro capítulo más de esta farsa llamada investigación que al día de hoy han montado tan bien entre las autoridades locales y federales.

julio 3, 2009 Posted by | Reflexiones | , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

“Dan asco”

Por Javier Solórzano

Julio César Márquez es uno de los 48 padres de familia que perdieron a su hijo en la guardería ABC en Hermosillo el 5 de junio. “Me había quedado de ver con mi mujer para ir a comer y luego pasar por Yeye a la guardería. Primero fui a un mandado y de repente me di cuenta de que se estaba quemando algo cerca de donde estaba. Me asusté un poco porque me pareció una zona cercana a la guardería. Me fui para allá y como ya no había manera de pasar me tuve que cruzar los camellones para poder acercarme. Mi mujer me había hablado asustada porque le habían dicho que algo estaba pasando. Cuando ya no pude avanzar dejé el coche donde pude y me fui corriendo a la guardería. Estaba lleno de gente. Lo primero que pude ver fue cómo un joven en una troca trataba de tirar la pared de la guardería.

Solidaridad

Solidaridad

“Cuando me di cuenta traté de entrar. No me dejaron, y me dijeron que los niños habían sido llevados a casa aledañas. No lo encontré. Me alcanzó mi mujer y nos fuimos para el hospital. Cerca de las 11 de la noche nos dijeron que habían muerto 24 niños y que pasáramos para ver si entre ellos estaba el nuestro. Luego luego lo reconocimos. Al día siguiente lo enterramos.

“Han sido semanas de shock. No sabemos ni qué hacer. Vimos al procurador y nos prometió que se iba a investigar a fondo. ¿Que qué pienso de los políticos y las peleas que se traen entre ellos? La verdad es que dan asco. No les importamos, lo único que les importa son ellos. Soy hombre de fe y creo que tenemos que ayudarnos y rezar para fortalecernos. No sabe cómo nos ha animado la gente y cómo se ha portado bien con nosotros. Pero se lo vuelvo a decir, los políticos dan asco”.

Roberto Zavala tiene 26 años y trabaja en la Ford. Perdió a su primer hijo al mes que nació. Santiago Jesús estaba en la guardería el 5 de junio.

“Cuando me di cuenta del humo y que estaba cerca de la guardería tomé mi auto y me acerqué. Escuché que decían que se estaba incendiando la guardería. No se podía pasar y crucé el camellón con el coche. Cuando ya no se podía avanzar dejé el coche y corrí a la guardería. Había muchos policías armados. Pensé que había sido una balacera. Cuando vi la guardería me di cuenta de lo que había pasado. Me metí como pude. Todo estaba quemado. Ya se habían llevado a los niños a las casas cercanas o a los hospitales. En la noche identificamos a Santiago Jesús en el forense. Se murió de asfixia. El gobierno no ha hecho nada. Todos dicen que desde 2005 tenían el permiso para la guardería. No sé si voy a votar. Le quitaron el color a mi vida, hoy todo es gris. Ya no me importa nada. Cuando veo a los políticos sólo te puedo decir que me causan vergüenza. ¿Cómo es posible que nos gobiernen estos tipos?”.

¡OUUUCH! Desde el lunes, ya sin campañas políticas, no les va a quedar de otra al médico forense y al del “catarrito” que aclarar que el problema de fondo no es sólo la inseguridad y el narco, es también la economía.

julio 3, 2009 Posted by | Columnas, Reflexiones | , , , , , , , | Deja un comentario

Un cuento, un deslinde y una convocatoria

El Zancudo

(No mata, pero hace roncha)

 Arturo Soto Munguía

Cuenta la leyenda que en un pueblito escondido, allá en lo alto de la sierra -que dirían Los Invasores-, había un comisario cuya vida transcurría en un bucólico coser y cantar, pues nada trastocaba la tranquilidad del paisaje.

Hasta que un día, llegaron unos hombres buscando al susodicho representante de la ley. Una ley, habría que decirlo, por encima de la cual no había nada ni nadie, excepción hecha de los amigos, cómplices, compadres y socios.

El señor autoridad, dicho sea de paso, nunca tuvo fama de valiente y diríase sin faltar a la verdad, que aunque era un sonorense bien nacido (cualquier cosa que eso signifique), y le gustaban los coricos y las coyotas, su perfil se acercaba más al del tipo que por acá coloquialmente se le conoce como culón.

Habrán de perdonar el término, pero los sonorenses hablamos así, golpeado y de frente (excepción hecha de aquellas ocasiones en que no tenemos ni fuero ni dinero para pagar un desplegado de apoyo).

Pues ahí tienen que aquellos hombres tocaron a la puerta de la comisaría, para informarle que a cerca de ahí se había perpetrado un asesinato, y requerían de su presencia para iniciar las investigaciones y deslindar responsabilidades, así como para dar con el paradero del o los asesinos, llevando el caso hasta las últimas consecuencias y caiga quien caiga, faltaba más.

El comisario, aunque más sonorense que Héctor Aguilar Camín, no brillaba precisamente por su valor y arrojo, así que trató de excusarse:

-“La verdad sí me gustaría mucho ir, pero fíjense que mi caballo enfermó, y no tengo en qué hacer el viaje…”, se excusó, titubeante.

-“No se preocupe, comisario, sabíamos que su caballo andaba malito, así que le trajimos este, pa’que vaya pa’llá”, le respondieron los hombres, que como todo sonorense bien nacido, eran valientes, echados pa’delante y de hablar golpeado, excepción hecha de aquellas ocasiones en que había un muertito de por medio.

-“Ah, muchas gracias… pero fíjense que no han liberado los recursos de la partida 34 del Programa de Subsidio a la Seguridad en los Municipios, y no tengo pistola… Así no sirve de nada que vaya hasta allá”, intentó de nuevo el señor autoridad.

-“No se preocupe, comisario, vaya, yo le presto la mía”, le dijo uno de los hombres, que como todo sonorense franco, solidario y que le gustan las semitas y el café de talega, no vaciló en proporcionarle su arma con tal de que se cumpliera la ley caiga quien caiga y sin inventar culpables.

Pero el representante de la ley, que ya tenía conocimiento de que por aquellos parajes merodeaba una gavilla de facinerosos muy mal encachados y culeros, seguramente guachos, porque no les gustaba el béisbol ni las botas picudas, preguntó:

-¿Y cómo dicen que mataron a ese hombre?

-“Con un hacha… le partieron la cabeza con un hacha”.

-¡Ahhhhh, pues ahí está!, contestó el comisario en un largo suspiro de alivio. ¡Eso no es competencia mía!…

-“Pero si usted es el comisario”, alcanzaron a refunfuñar los informantes.

-Pues sí -dijo la autoridad-, pero a ver, ¿con qué dicen que lo mataron?

-“Con un hacha”.

-¿Ya ven?, ¡Ahí está la chingadera! Eso no está en el ámbito de mi competencia, ¡eso le corresponde a la Forestal!, dijo, y se metió en chinga a su oficina.

Hasta ahí el cuento; ahora sigue el deslinde.

Chistoretes aparte, el federalismo mexicano sólo ha servido para que cada nivel de gobierno asuma a medias, o de plano evada las responsabilidades que le corresponden.

El abordaje que se le dio a la tragedia en la guardería ABC, de Hermosillo es un ejemplo típico, con el agregado de que el discurso oficial estatal está infestado de una xenofobia bananera que el gorila Micheletti ya quisiera para partirle su madre a todos los países de la OEA juntos, un domingo en Honduras.

Si los globalifílicos de rancho suponen que la aldea global se acaba en el casco viejo de su hacienda, y que de Villa de Seris (o Estación Don) hacia el sur todos son ‘guachos come-ranas’, pues es muy su modo de interpretar la realidad.

Lamentable, sin embargo, viniendo de quienes tienen la responsabilidad de gobernar en estos tiempos de integración, tolerancia, diversidad, inclusión y no sé cuantas cosas tan difundidas como ‘valores’.

Pero convertir ese regionalismo ramplón en el eje que cruza todo el ejercicio de gobierno, puede resultar muy peligroso.

El gobernador Eduardo Bours y su grupo compacto se han pintado la cara de guerra en una ridícula cruzada contra los ‘guachos’, para fundamentar la defensa de las fronteras, y salvaguardar el imaginario Castillo de la Pureza habitado por puros sonorenses ‘bien nacidos, honestos, valientes, trabajadores, echados pa’delante’ y demás sandeces.

Si así piensan, muy su modo y muy su tono.

Pero utilizar los medios de Estado, particularmente la radio y la televisión para adoctrinar a la población con su xenofobia bizarra, puede inocular el virus de una nueva tragedia.

Una cosa es que alguien siga creyendo en la superioridad de raza y otra, muy otra, es que ese alguien tenga a la mano el dinero público y el poder de los medios de comunicación, para arengar a la gente del modo en que se está haciendo.

No quisiera estar aquí el día en que un niño, ‘sonorense bien nacido él’, le machaque la cabeza a un compañerito de escuela -como ya sucedió alguna vez-, tan sólo porque tiene un tono diferente al hablar.

Yo paso.

Sobre todo porque entre quienes han hecho suya la xenofobia boursista, varios hay que deberían limpiarse bien la boca cuando hablan de ‘valores’.

Hasta aquí el deslinde. Sigue la convocatoria.

Mañana, la sociedad civil hermosillense realizará la quinta marcha por la justicia. En Hermosillo, el punto de partida serán las instalaciones de la guardería ABC, en la colonia Y Griega, hasta la plaza Emiliana de Zubeldía, en la Universidad de Sonora.

En algunos municipios del estado también habrá movilizaciones, así como en el Distrito Federal.

Para que la impunidad no campee; para que la justicia no se haga sólo en los bueyes de mi compadre; para que no se vuelvan a repetir tragedias como la muerte de todos esos niños de la guardería ABC, hay que estar ahí, puntuales.

julio 3, 2009 Posted by | Crónicas, Reflexiones | , , , , , , , | Deja un comentario

No tengo nada qué perder… ya me lo quitaron todo

El Zancudo

(No mata, pero hace roncha)
 
Arturo Soto Munguía 
   
La salida de la marcha tiene un aire de duelo. Como de tristeza. Como adelantándose al día siguiente, cuando falleció Ximena, la pequeña de dos años que no sobrevivió a las quemaduras provocadas en el incendio de la Guardería ABC.
Esta vez ni siquiera el lastimero sax de la primera marcha rompe el silencio.
Pero es mejor, porque veces hay en que un sax puede ser el más violento incitador a la tristeza. Al lamento. Al llanto.
Un sax aquí, donde miles se están reuniendo para salir a caminar y en cada paso repetir como eco el enojo, la impotencia, el dolor, las ganas de decir ¡ya basta!, pero de a deveras.
No el ya basta que se repite cada cinco minutos en las radios y las televisoras estatales y no estatales, sino el ya basta que aparece en las miradas de la gente que sale al paso de la marcha; de los automovilistas que saludan y bajan la mirada en silencio; del señor que se santigua en la banqueta de la iglesia de San José, donde las campanas repicaron durante todo el tiempo que duró en pasar el contingente.
En la guardería las paredes son azules y amarillas. Y negras, pintadas por el humo que mató a muchos niños. Dos fotógrafos se dan maña, rompen de alguna manera el cerco policiaco, los listones de plástico amarillo que rodean el edificio, y suben para lograr su mejor toma.
Son periodistas.
Son los que están en todas partes, para que nada pase desapercibido, para que nada quede en el olvido.
Están trabajando pero la policía no entiende eso. Nosotros también estamos trabajando, dicen, y no les falta razón.
Los periodistas van en la marcha. Se suman, se pegan calcas en las camisas, se saludan. Saben que están escribiendo la historia y que la objetividad es un andamiaje teórico que no resiste el peso de las lágrimas.
 
II
 
Parafraseando a Jeff Durango, en la marcha nadie tiene ganas de reír.
La marcha abre brecha. Lleva a los padres de los niños muertos adelante. También a mujeres que llevan a sus niños en carreolas. Son ellos los que van abriendo brecha.
Son una línea de pequeños valientes que no tienen edad siquiera para caminar. Son como los que murieron, como los que están hospitalizados después de 15 días, algunos de ellos muy graves.
Una de ellas lleva una cartulina: “Justicia a nombre de mis compañeritos. Los extraño”.
La pequeña también estaba ahí cuando las llamas. También estaba ahí cuando el infierno.
Ahora son los que van al frente de la marcha. Son niños como los que murieron. Aún no saben hablar. No saben caminar ni andar en bicicleta ni patear una pelota ni hacer un atrapadón en el center field, que haga brincar a su padre hasta el cielo.
Los pequeños son vanguardia. Están viviendo una tragedia con la sonrisa ingenua en los labios y con esa sonrisa son vanguardia y van abriendo brecha rumbo al palacio de gobierno.
Están lejos de tener edad para votar, pero encabezan una de las marchas más importantes de la historia contemporánea de esta ciudad.
El señor de la iglesia se quita el sombrero y se santigua con la devoción de un creyente. Con el respeto que le merece la muerte. Con el sentimiento que le hace bajar la mirada y murmurar algo que sólo él entiende, mientras bendice a los niños que van al frente.
En la marcha, los únicos que sonríen son los candidatos a ganar el concurso de Photoshop.
Colgados de todos los postes, en colores intensos y brillantes, son tan ajenos al sentimiento de la gente, que sus panorámicas sonrisas ofenden. ¿De que se ríen?
 
III
 
En Parque de la Solidaridad estaba un ángel.
Medía casi tres metros. Era muy grande. Sus piernas eran muy largas y sus alas muy pequeñas, pero era un ángel. Se movía como un ángel.
Creo que la vi antes, ayudando a clavar el tacón de otro ser voluntario, que acudió a la marcha a decir ‘yo tampoco estoy de acuerdo’. Son muchachas y son zanqueras. Vinieron desde su corazón, porque sólo desde ahí se puede llegar a una marcha para exigir justicia por los niños que hoy son dolorosos huecos en los corazones que antes se llenaba con sus risas.
En ese crucero hay un ángel de zancos muy largos y alas muy cortas. Pero se mueve bien. Los movimientos de sus alas son lentos pero fuertes. Su rostro no refleja el cansancio sino el coraje.
Es una zanquera hermosa que mira pequeñito al policía municipal que dirige el tráfico para dejar libre el camino a la marcha.
Uno sigue dirigiendo el tráfico y la otra sigue moviendo sus alas, como para irse. Desde lo alto de sus zancos, desde el batir de sus alas de ángel, observa la marcha que camina rumbo a Palacio de Gobierno, a exigir justicia.
 
IV
 
 
En la calle los automovilistas no protestan. Aguantan minutos y minutos a que pase la marcha. No gritan, no se exasperan por el río de gente que les impide avanzar más rápido.
Bajan las ventanillas. Ven. Buscan con su mirada esperando encontrarse con su condición de madre, de padre que aguanta a pie firme la noticia de que su hijo ha muerto.
En la calle, todos se sienten víctimas. En la calle todos somos vulnerables.
 
V
Alguien debería decirle a la mamá de Germán, que no convierta el dolor en odio.
Explicarle que la suma de negligencias, complicidades y omisiones de los gobiernos que le arrancaron a su único hijo, no deben ser mencionadas, porque hacerlo la pueden convertir en un gusano que se arrastra por el lodo. Una oportunista.
Alguien debería decirle que su pequeño ya no se acurrucará en su pecho ni le iluminará la casa, porque está muerto.
Como otros 46 niños, que lo acompañaron en un infierno de fuego y gases tóxicos, y ahí mismo quedaron, ‘asegurados’ por el cinturón de su ‘portabebé’, en la guardería ABC, que ya apartó un lugar en la memoria social hermosillense.
La señora toma el micrófono. Está parada en el Kiosko de la Plaza Zaragoza, de cara al edificio que alberga los gobiernos estatal y municipal.
Detrás de ella, varios de los padres que perdieron a sus criaturas. Tienen flores en las manos y fotografías de sus hijos, pequeños y felices.
Las caras de esos niños tienen la alegría que se le fue a una pequeña rubia que, sosteniendo un gran cuadro con la imagen de la Virgen de Guadalupe, observa el mar de gente, desde el kiosko, a un lado de la mamá de Germán.
Los pequeños de las fotos son hermosos y felices. La pequeña rubia tiene los ojos cuajados de llanto y sus manitas aprietan el marco de la Guadalupana, mientras se muerde el labio inferior para contener un llanto que hubiera podido bañar a las cinco mil almas que frente a sus bellísimos ojos verdes coreaban ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia!
La mamá de Germán se anima y toma el micrófono. Y con la voz desgarrada en un grito que erizó la piel, sentenció: ¡Yo no los perdono!
 
VI
Los boquetes que un ciudadano abrió en las paredes de la guardería ABC, para ayudar a sacar a los pequeños, también sirvieron para sacar a la luz pública cómo es que se gobierna este país, México lindo y qué herido.
Se llama Abraham. Es el papá de Emilia, a la que de cariño, para chipilonearla, llamaba como la llamó en las últimas dos marchas “mi changa pedorra”.
Está frente a miles que al llegar a la Plaza, descubren que no son la parte más callada de las gráficas con que unos tipos de corbata memorable, juegan a la prospectiva política.
No son números ni porcentajes tan maleables como la política clientelar con que los gobiernos fincan su legitimidad, poniéndole precio a los votos.
Abraham está en el kiosko y abre con un llamado a aislar a quienes pretendan politizar el tema, gritando cosas inadecuadas.
Alguien debería decirle a Abraham, que él no es el único que quiere y puede decir que el gobierno es el culpable del incendio donde pereció su hija de tres años.
Que no es el único que quiere gritar que vivimos en un país donde los derechos humanos se pisotean y donde la impunidad prevalece.
Porque todo eso dijo él, con un ramo de flores en la mano izquierda, y el micrófono en la derecha, muy cerca de su boca que grita: ¡La muerte de mi hija no debe quedar impune!
No debe quedar impune, dijo, como tampoco deben quedar impunes las muertes de los otros 45 niños que hasta ese día había cobrado como víctimas el incendio de la Guardería ABC.
Alguien debería decirle a Abraham que las miles de gargantas que frente a él se hacen nudo con su relato, con su voz entrecortada, con sus ojos de agua, también tienen ganas de decir que la tragedia se pudo haber evitado, pero que los dueños de la guardería se ahorraron 20 mil pesos en una puerta de emergencia y ahora están sacando cuentas de cuánto se pueden ahorrar en el pago para que la justicia no los toque.
En su pecho no cabe el llanto ni el consuelo porque Emilia ya no está.
Quizá por eso, nadie le dijo que evitara politizar el tema. Que no fuera a decir algo así como que la lucha ya no es por los niños, sino por cambiar el país, el sistema, el gobierno.
Y como nadie le dijo que si politiza el tema entonces puede pasar a ser uno más de los gusanos oportunistas que se arrastran por el lodo, Abraham clamó por justicia, desde el kiosko de la plaza Zaragoza, frente a la sede del gobierno, y dijo: “si no hay justicia… ¡cuidado!”.
Y con la voz que sólo puede salir del pecho de un padre al que le arrebataron a su changa pedorra, como la llama hoy con la voz entrecortada, frente a miles de personas que tienen la emoción a flor de piel, Abraham dijo: “Yo ya no tengo nada qué perder. Ya me quitaron todo”.
Alguien debe firmar un desplegado, de preferencia con muchas firmas de esas que dibujan los apellidos que hacen fila en las páginas de Sociales, donde le adviertan a Abraham que no debe convertir el dolor en odio.
Alguien debe ir decirle al que ya no tiene cerca a esa preciosidad que era Emilia, a esa luz en los ojos de Lupita, la madre de Emilia, a la que conozco. La que tiene en sus ojos el dolor más grande que haya visto en otros ojos.
A ellos alguien, algún tanatólogo pagado por el gobierno; alguna sicóloga con la bolsa llena de volantes de su candidato; algún especialista con cara de ‘siguiente nivel’, debería decirles que no politicen el tema.

julio 3, 2009 Posted by | Crónicas, Reflexiones | , , , , , , | Deja un comentario